¿Por qué es deseable un diagnóstico precoz en las uveítis?

Uno de los problemas fundamentales que nos encontramos en el manejo de pacientes afectados de uveítis es la demora para llegar a un correcto diagnóstico, y por consiguiente, a un correcto tratamiento. Ello se debe a que, aunque el clínico sospeche una enfermedad en concreto en base a los hallazgos que encuentra en la exploración en la consulta, en muchas ocasiones debe solicitar pruebas complementarias, tales como analíticas de sangre u otras pruebas de laboratorio; incluso,  en ocasiones, debe derivar al paciente para que sea estudiado por un especialista en Medicina Interna o Reumatología. Con frecuencia, se pierden varias semanas hasta que se establece un diagnóstico correcto. Mientras tanto, el proceso infeccioso o autoinmune causante de la uveítis puede estar dañando las estructuras del ojo de forma irreversible (la retina, el nervio óptico) llegando a veces a producir la ceguera. Esto puede ocurrir sobre todo en algunos casos de uveítis infrecuentes y graves como el caso que os presentamos a continuación atendido en INVISION.

Se trata de una mujer de 63 años atendida en nuestra clínica que aquejaba visión borrosa de unas semanas de evolución en su ojo izquierdo. Se trataba de ojo único pues el ojo derecho era amblíope. Desde el primer momento nos llamó la atención la presencia de unas lesiones en ambos ojos hipopigmentadas de color crema en la retina profunda y a nivel de coroides postecuatorial de un tamaño menor a 1 diámetro de la papila con distribución coroidotrópica. La sospecha clínica inmediata fue de una retinocoroidopatía en perdigonada (“birdshot). Esta enfermedad, si no es diagnosticada a tiempo puede ocasionar un daño irreversible en la retina y en el nervio óptico (atrofia óptica),  llevando con frecuencia a la ceguera.

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Según los protocolos que aplicamos en nuestra clínica, el mismo día de la consulta, a la paciente le practicamos  una prueba de Mantoux y una extracción de sangre para analítica con el objeto de  descartar sífilis y otros procesos no  infecciosos tales como sarcoidosis, lupus, etc. A las 48 horas ya teníamos el resultado de Mantoux que resultó negativo, e inmediatamente iniciamos el tratamiento sistémico con altas dosis de esteroides orales.  Uno de los principales errores que nos hemos encontrado en el manejo de pacientes con uveítis es comenzar a tratar a los pacientes con esteroides sin hacer antes una prueba de Mantoux. Este es el motivo muchas veces de una tuberculosis latente no diagnosticada como causa subyacente de la uveítis. Conviene recordar que tanto la tuberculosis como la sífilis son las “grandes simuladoras” y pueden manifestarse, también en oftalmología, simulando cualquier tipo de uveítis anterior y posterior.

El mismo día le practicamos a la paciente una angiografía fluoresceínica (nos reveló una vasculitis retiniana  activa y una tinción tardía de la papila del nervio óptico) así como una tomografía de coherencia óptica que nos confirmó la presencia de un edema macular cistoide.

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A la semana ya teníamos el resultado de las analíticas que nos permitió establecer el diagnóstico de retinocoroidopatía en perdigonada con certeza,  al resultar la paciente HLA A-29+ y el resto de las pruebas negativas. Inmediatamente fue derivada a un especialista para ser tratada con fármacos inmunomoduladores.

Consideramos de vital importancia un diagnóstico precoz en un caso como éste que os mostramos, de uveítis grave. Una demora en su correcto diagnóstico y tratamiento de varias semanas puede ocasionar una pérdida grave de visión, e incluso, la ceguera.

 

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